martes, 9 de septiembre de 2008

1848: La Primavera de los Pueblos


La Revolución de 1848: la Primavera de los Pueblos y el Manifiesto Comunista

Víctor Manuel Casco Ruiz


Entre 1789 y 1848 se suceden en Europa una oleada de Revoluciones que pondrán fin a la vieja sociedad feudal, al Antiguo Régimen, e instaurará nuevas pautas políticas de las que somos herederos. Entre 1830 y 1848 se perfilarán, además, dos modelos políticos aún hoy vigentes y que con posterioridad entrarán en colisión: el liberalismo, el modelo político de la clase que se ha hecho con el poder frente a los antiguos aristócratas, y el socialismo de las clases trabajadoras. Esa propia noción: “clase” y “clase trabajadora” o “proletariado” es toda una Revolución en sí misma.

Podemos hablar entonces de una verdadera ERA DE LAS REVOLUCIONES, entre otras:
  • La Norteamericana de 1775, que enfrentó a las Trece Colonias contra su metrópolis, el Reino de las Gran Bretaña de Jorge III.
  • La Revolución Industrial, nacida en Inglaterra y que conducirá a las sociedades a cambios vertiginosos.
  • La gran Revolución Política, la Francesa, que se inicia en 1789.

  • El inicio de la independencia de las Colonias españolas en América Latina.
  • La oleada de revoluciones en 1830 contra la vuelta a las monarquías absolutas.
  • La más europea de todas, la Revolución de 1848 contra los vencedores de 1830.
    Y ya con posterioridad, la Comuna de París en 1871 o nuestro Sexenio Revolucionario entre 1868 y 1874.

¿Cómo es ese mundo en constante cambio que se inicia en el 31 de diciembre de 1800?

Desde luego más pequeño y más grande que el nuestro: aún existían en el globo tierras por descubrir, aunque ya los océanos habían sido explorados en profundidad merced a navegantes como James Cook. También era más pequeño en el número de la población: se calcula que una fracción de la actual, 187 millones de habitantes en Europa, frente a los más de 600 millones actuales. Y según parece, también éramos más bajos y más delgados, cotejando los informes de los reclutas, de los soldados, en todos los países.

Y más grande: había más tierra para una menor población, pero también se enfrentaba el hombre a distancias difíciles de comprender en la actualidad merced a las comunicaciones y el transporte. ¿Cómo podía mirar un extremeño de 1800 a Madrid, a varios días, con necesidad de pernoctar en fondas y con caminos mal trazados? Los campesinos de entonces, que aún representaban en 1800 la población mayoritaria, apenas sí se moverían de su tierra en un radio de 50-100 km.

Pero veamos un ejemplo concreto: sabemos que Goethe empleó cuatro días en ir navegando de Nápoles a Sicilia, y tres en la vuelta.

Hemos dicho ya que el mundo de 1800 aún es un mundo rural. Pero el mundo de 1848 ha empezado a dejar de serlo: cada vez más industrializado y urbano.

Cierto que la población rural seguirá siendo mayoritaria en la Europa continental durante buena parte del siglo XIX, de hecho solo será en Inglaterra en 1851 cuando la población urbana supere a la rural.

Pero claro: el propio concepto de “urbano” merece una aclaración ya que a finales del siglo XVIII Londres contaba con 1 millón de habitantes. París con medio millón. El mundo urbano es el de las ciudades provincianas, esas donde en cinco minutos hemos recorrido desde el centro – la iglesia – hasta el límite con el campo.

Triunfará al final la industria sobre el campo porque el siglo XIX anota un hecho: que el mundo de la agricultura es perezoso, con la excepción de algunas regiones avanzadas principalmente en Inglaterra y que por el contrario, el mundo del comercio y las manufacturas está en pleno auge. El rápido crecimiento de las comunicaciones marítimas, especialmente con las colonias vigentes o las antiguas colonias, incrementará considerablemente ese comercio y esas manufacturas.

Entre 1789 y 1848 aparecerán, además, nuevas palabras y conceptos hoy firmemente asentados y que nos hablan ya de esa nueva etapa histórica: la época contemporánea: fábrica, clase trabajadora, ferrocarril, liberalismo, socialismo, nacionalismo, huelga, panfleto, barricada, opinión pública…

En los países crecen rápidamente nuevas categorías de ciudadanos: industriales y financieros, armadores en los espléndidos puertos de Burdeos, Bristol o Liverpool, los nabab o indianos, inmensamente ricos, como jamás pudieron soñar, que regresan de las colonias… Son los nuevos triunfadores sociales. Y junto a ellos, artesanos, abogados, tenderos, administradores, oficinistas…

En este mundo que apuesta por lo urbano y por el desarrollo tecnológico aplicado a la economía, la ciencia también experimenta un auge, especialmente la química, tan ligada a la práctica de los talleres y a las necesidades de la industria. James Watt introducirá la máquina de vapor, Priestley triunfará en química, el impresor Baskerville se hace de oro…

Políticamente, y con la excepción de Gran Bretaña, las monarquías absolutas pugnan contra la expansión de la Revolución Francesa. La derrota de Napoleón les permitirá retornar con fuerza entre 1815 y 1830 de la mano del Congreso de Viena, pero son ya, entonces, una vía en extinción. 1830 supondrá la caída del “meteorito” destructor de toda monarquía absolutista.

Entre 1830 y 1848 habrá que empezar a anotar el triunfo de la industria y el comercio sobre el campo. Y tras la incorporación de los grandes propietarios, financieros, armadores y clase media – en mayor o menor medida – a los gobiernos de sus respectivos países entre esas fechas, también habremos de anotar el afianzamiento de una nueva clase social: la obrera.

Habían participado en los procesos políticos anteriores, junto a los artesanos franceses en 1789, junto a Marat, Danton y Robespierre frente a los girondinos, en las revueltas de 1830 contra el enemigo común, las monarquías absolutistas… pero a partir de entonces ya no quieren ser un mero convidado de piedra: querrán ser protagonistas absolutos. El Manifiesto Comunista que se edita en 1848, va dirigido a ellos.

Ya han sido estudiados y analizados como clase: en Inglaterra se publican los Bluebooks o Libros Azules con investigaciones estadísticas; Engels había escrito su “Situación de la clase obrera en Inglaterra” y Villermé publica el “Tableau de l´état physique et moral des ouvriers”.

LOS ANTECEDENTES DE LA REVOLUCIÓN DE 1848

Tras la derrota de Napoleón I en el Congreso de Viena de 1815 se quiso detener el curso de la historia. Intento vano.

Entre 1815 y 1848 se producirían tres grandes olas revolucionarias:

  1. Entre 1820 y 1824, con España, Nápoles y Grecia como epicentro. Excepto la griega, todas las insurrecciones serían sofocadas. También en esta década Simón Bolivar, San Martín y Bernardo O´Higgins iniciaban el movimiento imparable por la independencia de la “Gran Colombia” (Colombia, Venezuela y Ecuador).

  2. Entre 1824 y 1834 se produce una segunda gran ola: En Norteamérica triunfa las tesis reformistas del Presidente Andrew Jackson: la democracia de colonizadores, pequeños granjeros y trabajadores frente a los ricos oligarcas. Bélgica se independiza de Holanda en 1830. En París cae la monarquía de Carlos IX de Borbón. En Italia y Alemania se producen convulsiones. En Suiza triunfa el liberalismo. Irlanda se rebela.

  3. Y la ola de 1848 de la que luego hablaremos.

La ola de 1830 fue más intensa y grave que la de 1820 y significará la derrota definitiva del poder aristocrático en solitario: la clase dirigente de los próximos 50 años iba a ser la gran burguesía de banqueros, industriales y altos funcionarios civiles.

El sistema político que se instaurará en Francia, en Bélgica y que ya existía en Inglaterra será el mismo:

Instituciones liberales con sufragio censitario en base al grado de cultura y riqueza, lo primero, normalmente consecuencia de lo segundo. 168.000 personas votaban en Francia.

La Revolución de 1830

Lo que hemos denominado en nuestros días “Revoluciones de 1830” es un proceso que comienza en Francia con la denominada Revolución de Julio o las Tres Gloriosas (Trois Glorieuses) jornadas revolucionarias de París que llevaron al trono a Luis Felipe de Orleáns y abrieron el periodo conocido como Monarquía de Julio

Fue una revuelta de las clases medias contra el rey borbón Carlos X a quien lograrán sustituir por el muy liberal Luís Felipe, conocido como el rey de las barricadas.

Cuando Carlos X subió al trono el 16 de septiembre de 1824, Francia estaba avanzando hacia la reconstrucción de las guerras napoleónicas. Al imponerse el sufragio universal masculino, Carlos X se enfrentaba a un parlamento de mayoría liberal moderado. Ante este hecho decretó las 4 ordenanzas de julio, que suspendían la libertad de prensa, disolvió la recién elegida Cámara de diputados, alargaba el cargo de los diputados y reducía su número.


En 1830 el pueblo de París se precipitó a la calle y consiguió derrotar el ejército real. Los políticos liberales se aprovecharon de este suceso y el rey Carlos X se vio forzado a exiliarse. Se nombró al nuevo rey: Luis Felipe I de Orleans ; y Francia se dotó de una constitución más liberal.

La Revolución de 1830 trajo consigo una Constitución que reconocía de nuevo la soberanía nacional. El Rey ya no lo es de Francia por derecho divino, sino de los franceses por voluntad de los mismos. Luis Felipe I de Orleans era el jefe del ejecutivo y compartía la iniciativa legislativa con las Cámaras. La Cámara de los Pares dejó de ser hereditaria, y perdió importancia en favor de la Cámara de los diputados.

La oleada revolucionaria en otros países

En España la muerte de Fernando VII abrió un periodo de transformaciones liberales y de guerra civil entre carlistas y liberales moderados (que apoyaban a la hija de Fernando VII, Isabel II, que era aún una niña).

Mientras tanto, en Italia hay una revolución liberal y nacionalista (con ayuda francesa) en Módena, Parma y los Estados Pontificios, que fue sofocada por Metternich.

En Alemania también hay levantamientos, organizados por los jóvenes estudiantes mediante propaganda, pero fueron duramente reprimidos por Prusia y Austria.

Es importante entender algunas consecuencias derivadas de las Revoluciones de 1830 y que tendrán su influencia en la actividad política de Carlos Marx y su alineamiento con los intereses de la clase trabajadora:

  • Ha diferencia de lo sucedido hasta el siglo XVIII; en el XIX las Revoluciones se estudian y se planean. La Revolución Francesa de 1789 había creado un patrón.
  • Tras 1815 surgen tres tendencias opositoras al Congreso de Viena y la Restauración: la moderada liberal (clases medias-altas, industriales); la radical democrática (clases medias, profesiones liberales, artesanos) y la socialista.
  • La tendencia moderada mira hacia la monarquía constitucional de 1789-1791, la segunda en la República Democrática Girondina y la tercera en la breve revolución del año II y en el ala izquierda del jacobinismo y su propuesta de “República inclinada hacia un estado social”.

  • Hasta 1830 las tres tendencias tenían un enemigo común: la política instaurada por Metternich en Viena. Pero después, la desintegración del frente único será un hecho, especialmente cuando los liberales moderados se instalen en los gobiernos a partir de 1830.

  • En un rápido resumen: se empieza a vislumbrar dos campos: la derecha y su modelo de gobierno liberal, y las izquierdas, en donde una de sus alas empieza a barruntar los principios del socialismo.
  • Y tras1830 en el imaginario colectivo hay una nueva arma: las barricadas.

Debemos entender que aún no podemos hablar de movimientos de masas o de una clase obrera organizada políticamente. Muchos de los activistas se organizaban en sociedades secretas, como la de los carbonarios o buenos primos en Francia.

En esos círculos empezará a correr un nuevo grito de combate: por la República social y democrática, al tiempo que se constata un creciente descontento entre los pobres, y especialmente entre los pobres urbanos. Éstos empiezan a organizarse lentamente:

Asistimos a la creación de la “Unión General” owenista o los cartistas en Inglaterra, en Francia actúa Louis Auguste Blanqui, y de hecho los blanquistas intentarán un frustrado levantamiento en 1839 contra la monarquía liberal de Luís Felipe.

La última gran característica en el camino hacia 1848 es el internacionalismo. Por cierto, que un factor accidental que lo reforzaría lo encontramos en el hecho de que la mayor parte de los militantes de las izquierdas continentales han estado expatriados durante algún tiempo. En París se refugian contingentes de polacos, italianos, alemanes… París es la sede de atracción de los revolucionarios. Allí se reúnen, sueñan con la liberación de la humanidad y juntos preparan la tercera oleada revolucionaria de 1848.

CAMINANDO HACÍA 1848 y el Manifiesto Comunista


Carlos Marx y Federico Engels empezarán a escribir el “Manifiesto Comunista” hacia 1847. Desde hace ya algún tiempo se viene denunciando la situación de la clase trabajadora, hacinada en los suburbios, hambrienta y sin recursos. La Revolución Industrial descansaba sobre unos hombros que no estarían dispuestos eternamente a soportar jornadas agotadoras por salarios de subsistencia.

Incluso autores conservadores, como el católico y miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de París, Villermé, se veía obligado a denunciar unas condiciones infrahumanas:

Leemos en su ya citado “Cahiers”:

En Mulhouse las hilanderas y fábricas de tejidos abren por la mañana a las cinco y cierran a las ocho o nueve de la noche… La jornada dura 15 horas, con media hora para el desayuno y una para la comida. Hay que verles llegar todavía de noche en días lluviosos y ateridos de frío. Vienen con ellos grupos de mujeres pálidas, delgadas, descalzas, que se cubren las cabezas con sus faldas, y una caterva de niños tan sucios del aceite de las máquinas, que sus andrajos resultan impermeables. Su miseria es tan profunda, que, mientras en las familias de clase media la mitad de los nacidos llega a la edad de veintinueve años, en las familias de tejedores e hiladores la mitad muere antes de los dos años.

Charles Dickens también nos ofrecería imágenes aterradoras de las condiciones de vida de los trabajadores en los suburbios industriales de Londres.

Ese mundo es el que contemplan Carlos Marx y Federico Engels, dos “burgueses” que decidirán dedicar su vida y su obra política a los trabajadores, elaborando las líneas generales que recorrerán, tras ellos, buena parte de los programas políticos de los partidos y sindicatos de clase.

Y uno de los primeros escritos que elaboran, en pleno auge revolucionario, es el MANIFIESTO COMUNISTA

¿QUÉ ES EL MANIFIESTO COMUNISTA?

En la primavera de 1847 Marx y Engels acordaron unirse a la denominada “Liga de los Justos”, organización que en su II Congreso celebrado en Londres entre noviembre y diciembre de ese mismo año los invitaría a realizar el borrador de un nuevo manifiesto que expusiera los objetivos y políticas de la Liga.

Para ese momento, la Liga había pasado a denominarse “Liga de los Comunistas” y el documento presentado tendría como título MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA (conocido desde 1872 como Manifiesto Comunista). 23 páginas publicadas en febrero de 1848 por la Asociación Educativa de los Trabajadores en el 46 de Liverpool Street, Londres.

Salió una semana o dos antes del surgimiento de las Revoluciones del 48 y a los pocos meses se había reimpreso en tres ediciones, así como publicado por entregas en el Deutsche Londoner Zeitung. La primera traducción en castellano se produjo en 1871 en La emancipación.

La edición que se maneja actualmente parte de la de 1872, 24 años después, y tras la experiencia de la Comuna de París de 1871. En los cuarenta años posteriores sería el libro de cabecera de los partidos laboristas y socialistas y se publicaría en decenas de idiomas.

El Manifiesto Comunista fue un texto excepcional: por su brevedad, porque inauguraba un género nuevo en la filosofía política, por la audiencia que conquistó y por su lenguaje claro y sencillo. Un libro dedicado a exponer las causas de la desigualdad y la lucha de clases.

El Manifiesto tenía un comienzo perturbador para las clases asentadas del momento: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del Comunismo”.

Y un final que no le iba a la zaga: “Proletarios de todo el mundo: uníos”.

El objetivo del libro era lograr que la clase obrera tomara conciencia de sí misma, que pueden llegar a tener voz propia y configurar una nueva hegemonía político – cultural.

En un principio Engels concibió la idea de un Catecismo, con preguntas y respuestas, pero Marx decidió redactar al final una obra narrativa, esquemática y propositiva. El Manifiesto está escrito en párrafos cortos, apodícticos, principalmente de cinco o seis líneas y en cinco casos, de entre más de doscientos, de quince líneas.

En la obra se califica, se da nombre a las cosas. Por ejemplo: no describen a la “burguesía”, la califican: son una clase social. E interpretan su papel en la historia como un canto a sus conquistas: la técnica, la economía y la civilización que fundan. Pero hecho esto, pasan a relatar como viven y como sufren los obreros en esa civilización sin igual.

Contenido y estructura

El texto del Manifiesto describe sucinta y explícitamente los principios de la teoría marxista del materialismo dialéctico y anuncia los propósitos y el programa de la Liga.

Está estructurado en cuatro grandes capítulos:

  1. Burgueses y proletarios. En este apartado introductorio, desarrolla la idea de que la historia del mundo se basa en la lucha entre opresores y oprimidos, y concibe el modelo social de entonces como un espacio de enfrentamiento entre la burguesía, obligada a revolucionar constantemente los medios de producción para su propia supervivencia; y el proletariado, que aprovechará los cambios desencadenados por el capital para volverse contra él y derrumbar el orden capitalista.
  2. Proletarios y comunistas. Los autores identifican el proyecto comunista de la Liga con los intereses del proletariado internacional. En este apartado desarrolla propiamente el programa del comunismo y rebate las críticas que se vierten contra el proyecto comunista. Así, establece en este apartado la abolición de la propiedad privada, la creación de un elevado impuesto progresivo, la intervención del Estado y el igualitarismo entre todos los ciudadanos.
  3. Actitud de los comunistas ante los otros partidos de la oposición. Tras una enumeración de la situación del partido comunista en diferentes países europeos y en los EE.UU. los autores concluyen que el comunismo se posiciona en todos sitios enfrente del poder establecido y al lado de los revolucionarios, sean estos burgueses en un país feudal, campesinos en una nación burguesa, etc.

El Manifiesto no fue escrito para la eternidad, ni pensando en lo que pasaría en la Revolución Rusa de 1917. Fue escrito para ayudar a los trabajadores europeos de 1848. El que aún siga conmoviendo se debe a que contiene verdades sobre el desarrollo del capitalismo y sobre como pueden intervenir en la política “los de abajo” que ha rebasado el marco de aquella fecha.

El Manifiesto pretendía intervenir en el marco de las luchas político - sociales del momento, y lo que pasaría poco después de la publicación del Manifiesto, que bebía en un contexto donde los trabajadores empezaban a organizarse, marcará el futuro: 1848 es el principio de la incorporación del proletariado como clase a la lucha revolucionaria.

Recuérdese lo escrito: el Manifiesto influirá posteriormente a 1848, pues en ese momento tuvo una difusión limitada. Pero acababa de anticipar un hecho notorio.

La primavera de los pueblos


En 1848 se sucederían rebeliones, motines, insurrecciones y luchas a favor de la liberación nacional en toda Europa. Meses antes en Europa se había producido una crisis económica imparable y Suiza caminaba hacia una guerra civil.

Después de febrero de 1848 la Revolución triunfaría en París, cayendo la monarquía de Luís Felipe (la instaurada en las barricadas de 1830), y proclamándose una República en cuyo gobierno participaría el socialista Louis Blanch.

Las Revoluciones de 1848 se caracterizaron por su brevedad y rápida expansión y tuvieron repercusiones en Francia, Austria, Alemania, Italia, Hungria y los diversos pueblos de Europa central.

Hubo dos acontecimientos económicos que avivaron la incertidumbre del momento y que contribuyeron a desencadenar la revuelta :

  • En 1845 y 1846 la plaga de la patata echó a perder las cosechas. Este suceso unido a la carestía en Francia de 1847, al igual que en otros países de Europa, originó graves conflictos sangrientos.
  • En el otoño de 1847 estalló la crisis del comercio y la industria en Inglaterra, con la quiebra de los grandes comerciantes de productos coloniales. La crisis afectó también a los bancos agrarios ingleses y en los distritos industriales se produjeron cierres de fábricas.

En París la crisis industrial estuvo acompañada además por una consecuencia particular: los fabricantes y comerciantes al por mayor que en las circunstancias que entonces se estaban dando, no podían exportar sus productos, abrieron grandes establecimientos cuya competencia arruinó a los pequeños comerciantes, por lo que éstos se involucraron en la Revolución.

La monarquía tuvo que dejar sitio a un gobierno provisional, el cual reflejaba en su composición los diferentes partidos que se repartieron la victoria de la revolución. Si París dominaba Francia, los obreros en aquel momento, dominaban París. En los muros de París comenzaron a leerse las históricas palabras : "Rèpublique Française! Liberté, Égalité, Fraternité!"

Finalmente, se instituyó la Segunda República después de que el monarca Luis Felile abdicara con motivo del descontento que había originado su Gobierno, pues se había convertido en un rey cada vez más conservador.


Se instituyó un Gobierno provisional y ese mismo año Napoleón III (sobrino de Napoleón Bonaparte ) ganó las elecciones a la Presidencia de la República.

Las revueltas fueron reconducidas una vez más. El orden restablecido. En muchos países los cabecillas revolucionarios encarcelados o exiliados. Pero tras 1848 dos hechos se habían producido y no habría ya marcha atrás: la vuelta al absolutismo sería imposible y la clase trabajadora había irrumpido en la escena.

2 comentarios:

Juli dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

maliiiisimo, no sabes explicarlo bien