martes, 9 de septiembre de 2008

El Real Monasterio de Guadalupe

Pasado ya el día de Gudalupe, publicamos un extracto de la conferencia que pronunciara Marcelino Cardalliaguet en nuestra sección sobre la importancia histórica del monasterio en la región
EL REAL MONASTERIO DE GUADALUPE
Por Marcelino Cardalliaguet Quirant
Guadalupe ha ido generando a lo largo del siglo XX, a partir de la proclamación de la Virgen como Patrona de la región y de la entrega para la reconstrucción y custodia de su Monasterio a la Orden Franciscana la más nutrida y numerosa bibliografía acerca de su nacimiento, proyección religiosa e histórica, configuración de sus edificios y construcciones, joyas artísticas que atesora en sus capillas y dependencias, riquezas del pasado y del presente, etc. Concitando la atención de autores, investigadores y ensayistas como ninguna otra localidad extremeña lo ha logrado; posiblemente, solo superada por el conjunto arqueológico de Mérida, y esto a pesar de que, durante más de setenta años del siglo XIX y la primera década del XX, no fue más que una ruina olvidada y abandonada que apenas lograba mantener en pie algunas partes de su pasada y envidiable grandeza como santuario mariano; perdiendo significativamente casi todas sus pertenencias y el patrimonio que había acumulado durante siglos.
(...) De la bibliografía contemporánea, que arranca de los enérgicos artículos de Vicente Barrantes Moreno en favor de la declaración de las ruinas del Monasterio como Monumento Nacional para evitar su total deterioro, hasta nuestros días en que se han publicado obras de enorme aliento: Tesis doctorales, síntesis históricas y artísticas, numerosísimos artículos en la Revista “Guadalupe”, etc. también cabe destacar los libros de fray Carlos García Villacampa, franciscano, que desde comienzos del siglo XX, en que el Monasterio de Guadalupe sería entregado a su orden para su cuidado y reconstrucción, expurgó entre los documentos de su viejo archivo y en otros archivos de carácter nacional, para volver a resaltar el relieve hispano e internacional del culto a Guadalupe, con su enorme proyección en la América Latina, en Portugal y en otros variados rincones del mundo.
El proceso de consolidación y rehabilitación de los claustros, dependencias conventuales, hospederías y otros elementos del Monasterio, también dio pie para publicar numerosos trabajos y estudios. Y, finalmente, la inclusión del conjunto monumental de Guadalupe en la Lista del Patrimonio Mundial de la U.N.E.S.C.O. ha motivado, nuevamente, el fervor de una pléyade de autores de diversas publicaciones de las que aquí vamos a destacar el libro colectivo “Guadalupe: Siete siglos de fe y cultura” (1993) coordinado por fray Sebastián García Rodríguez O.F.M., en el que han tomado parte una serie amplia de especialistas en cada uno de los ámbitos o aspectos estudiados; y la tesis doctoral de Patricia Andres: “Guadalupe: Un centro histórico de desarrollo artístico y cultural” (2001) por su labor sintetizadora del arte guadalupense, a partir de una investigación que puede ser considerada la más completa hasta el presente.

Yo mismo he tenido ocasión de describir y contemplar esta florida historia monástica y la importancia de su conjunto monumental en el artículo correspondiente de la Gran Enciclopedia Extremeña (1989 – 1992), publicada a raíz del V Centenario del Descubrimiento de América. De nuevo, en una conferencia que impartí en el propio Parador Nacional de Guadalupe con motivo del V Centenario del bautizo de los indios traídos por Colón en su segundo viaje ( 1496 -1996), y en la redacción del volumen: “Extremadura: El Patrimonio de la Humanidad”, editado por el periódico HOY, con el patrocinio de Caja Duero, en 1999; libro en el que exaltaba también los valores artísticos y monumentales de Mérida y Cáceres.

No se trata de repetir la “Leyenda de Guadalupe” y de su milagrosa imagen, sino de buscar otros ámbitos de interpretación histórica, - más prosaica y realista, - y poner de manifiesto su relieve en el conjunto de la historia de España y de Extremadura, al cumplirse los cien años desde que el Papa Pío X proclamara el patronazgo de la virgen sobre nuestra región (1907).
Guadalupe: centro religioso
La importancia de Guadalupe como centro de atracción religiosa, a lo largo de los siglos XIV, XV y XVI es incuestionable; sobre todo a partir de la conquista de Sevilla que desplazó a la Corte Castellana hacia el sur, con lo que Santiago quedaría ya muy lejos para peregrinar allí con frecuencia en demanda de gracias e indulgencias.
A esta mayor proximidad de la Corte unía Guadalupe su cercanía de Toledo, cabeza espiritual del reino y capital del más rico y poderoso Arzobispado de España desde la época de los visigodos, en cuya jurisdicción eclesial se asentaba el Monasterio.
Los arzobispos de Toledo se volcaron en la protección de Guadalupe y su enriquecimiento. Sin duda, también, por evitar la competencia de Santiago, que había sido durante siglos la meta de romerías y peregrinaciones, atrayendo hacia sus arcas la mayor cuantía de limosnas, ofrendas y donaciones.
Alfonso XI y su hijo Pedro I favorecían la creación del Priorato Secular de Guadalupe, instituyendo el Real Patronato sobre su iglesia y canónigos, y la construcción de un Santuario para peregrinaciones, con hospital, colegios, hospedería y otros servicios que mejorasen su utilización colectiva en un paraje tan abrupto como Las Villuercas. Todo ello contando con la aquiescencia del Arzobispo Gil de Albornoz, que fue el primero en conferir a Guadalupe gracias y privilegios jubilares, siendo preboste y nuncio papal en la ciudad de Roma.
La fundación de la Puebla de Guadalupe por el noble extremeño Hernán Pérez de Monroy, con privilegio de Alfonso XI, favoreció también el establecimiento de familias judías que desarrollaron una próspera actividad bancaria y artesanal, de la que se aprovecharon reyes y clérigos.
Todos los monarcas castellanos de la Casa de Trastamara vieron en este lugar el centro espiritual de su reino, independiente del Arzobispado de Toledo; dotándole espléndidamente de joyas, tierras, ganados, dehesas, privilegios, impuestos y jurisdicciones, como veremos en los otros puntos de nuestro esquema.

(...) Iban a ser, en el siglo XV, los pontífices Martín V y Eugenio IV quienes dotaron al Monasterio, - ya convertido en Priorato Regular de los Eremitas de San Jerónimo, - de facultades papales para conferir indulgencias a todos los que participasen en sus ostentosas liturgias y celebraciones. Muy especialmente si éstas tenían lugar el día 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María, en la que se situó la advocación mariana de Guadalupe.
Además, desde 1415, el Monasterio adquirió una especial preeminencia dentro de la Orden Jerónima, cuya cabeza era el Monasterio de San Bartolomé de Lupian

Imagen historicista de los Reyes Católicos

Los Reyes Católicos intentaron subrayar aún más este papel de núcleo religioso y espiritual de Guadalupe - Monasterio por el que ambos sentían una especial atracción - instalando en él uno de los primeros Tribunales de la Santa Inquisición para perseguir y extirpar al núcleo de judaizantes y marranos instalado entre sus propios frailes y en el vecindario de La Puebla. Tribunal que sería posteriormente ubicado en Llerena con amplia jurisdicción sobre toda Extremadura.
El siglo XVI fue sin duda el momento de mayores esplendores del Real Monasterio como centro religioso, con amplia proyección hacia el Nuevo Mundo.
En el siglo XVII podemos fechar el segundo momento más esplendoroso de Guadalupe; en el que se conjuntan la mayoría de las grandes obras artísticas. Pues los reyes de la Casa de Austria sienten una mayor necesidad de visitar y dotar al Monasterio que para estas fechas cumple esplendorosamente su papel de centro espiritual del reino.
Pero al perderse Portugal después de una larga guerra, y convertirse aquel país en uno de los enemigos tradicionales del reino, - ya desde comienzos del siglo XVIII, - vuelve a ser Santiago de Compostela el centro de grandes obras y remodelaciones en su vieja basílica, captando de nuevo la atracción de reyes y peregrinos, en la misma medida en que Guadalupe es marginado; quedando reducido a Santuario regional, sin la proyección nacional que había tenido en la centuria anterior.
Lo que es igualmente constatable es que este carácter de centro religioso y espiritual de fuerte ascendencia popular, Guadalupe lo transfirió a México, y el pequeño santuario abierto por el indio Juan Diego de Cuautitlán en las proximidades de Tepeyac (Guadalupe – Hidalgo), se convirtió a mediados del siglo XVI en el núcleo religioso con más fuerza de todo el Nuevo Mundo, llegando a ser considerada esta advocación mariana como la Patrona de México en 1737.
Guadalupe como centro de decisiones históricas
Un aspecto poco tocado en la abundante bibliografía sobre Guadalupe es su importancia como centro de decisiones políticas, que afectaron no solo a Castilla, sino a la Corona de Aragón, a Portugal y a todas las colonias y territorios americanos.
Tanto Alfonso XI, como su hijo Pedro I sintieron por el pequeño y perdido Santuario una especial devoción, dotándole de notables riquezas y recursos; al igual que Enrique II, fundador de la dinastía real de Trastamara, cuyos miembros se sintieron siempre muy ligados al Monasterio.
Ya a mediados del siglo XIV, Juan I de Castilla se apoyó en las riquezas de Guadalupe, - que saqueó, - para preparar su campaña de invasión de Portugal que sería destrozada en Aljubarrota.
De sus sucesores, Enrique III “El Doliente” también buscó frecuentemente en el Monasterio consejo y consuelo; y quizá en él se fraguase el viaje de Ruy González de Clavijo a Samarcanda, en busca del imperio de Timur-Lang (Tamerlán), con el que se iniciaban los grandes descubrimientos castellanos por el ancho mundo. En uno de los grandes cuadros de la Sacristía Nueva pintados por Zurbarán se representa a este rey ofreciendo el capelo de Arzobispo de Toledo al prior Fernando Yánez, quien lo rechazaría en aras de su humildad eremítica.
El rey don Juan II sí que visitó con frecuencia Guadalupe, lo mismo que su valido, don Álvaro de Luna; fraguándose en el Monasterio muchos de los acontecimientos políticos que desencadenaron la guerra civil y nobiliaria en Castilla. Con el monarca también estuvo frecuentemente su hijo y heredero Enrique IV y su madre doña María de Aragón, quienes escogieron este santuario mariano como mausoleo; y se encuentran allí enterrados.
De los reyes portugueses, también tuvo gran afición por Guadalupe el rey Alfonso V, quien concertaría en él su matrimonio con la princesa heredera de Castilla Juana “La Beltraneja”, dando lugar a una nueva guerra civil en Castilla entre uno y otro bando.
Precisamente, en Guadalupe contaban los partidarios de La Beltraneja con un fuerte contingente, dentro y fuera del Monasterio, expulsando del pueblo a los partidarios de doña Isabel, la hermana del rey; lo que tendría sus consecuencias en la historia posterior del Santuario.
También doña Beatriz de Portugal sintió notable atracción por el Monasterio de Guadalupe, haciendo labrar la capilla de Santa Catalina (1461) para que sirviera de mausoleo a sus padres, don Dionís de Portugal y su esposa doña Juana. El artista encargado de labrarla sería Enrique Egas Cueman, uno de los más renombrados escultores del estilo “isabelino”, que dejará numerosas obras - especialmente sepulcros de algunos priores y el del arzobispo don Pedro Tenorio - en la iglesia y los claustros.
Pero, sin duda, cuando el Real Monasterio de Guadalupe se va a convertir en un importante centro de decisiones políticas va a ser durante el reinado de los Reyes Católicos, ya que estos monarcas sentirán una especial atracción por este santuario al que visitaron más de 22 ocasiones, tomando en él graves acuerdos que afectaron a la gobernación de todos sus reinos y al nuevo Imperio que iba surgiendo en el Nuevo Mundo.
Baste recordar que se harían construir una Real Hospedería aneja al Monasterio para residir en ella frecuentemente. Que en este lugar se decretó la Sentencia Arbitral que afectó tan profundamente a la vida social de Cataluña, acabando con la “Guerra de los Remensas”.
En Guadalupe se concertaron los matrimonios de dos hijas de los Reyes con monarcas portugueses: Isabel y María con don Manuel “El Afortunado”, creador del Imperio portugués, como piezas de la “política matrimonial” destinada a unificar en un solo reino a la Península Ibérica.
En esta Real Hospedería se fecharían cartas de doña Isabel autorizando las expediciones de Colón y financiando parte de sus gastos.
Prácticamente el proceso del Descubrimiento fue madurando en reuniones y visitas a Guadalupe del Almirante, que llegó a sentir una sincera devoción por la Virgen de las Villuercas, hasta el punto de poner su nombre a una de las islas descubierta.

Imagen historicista de la audiencia de los Reyes Católicos a Colón

Aquí trajo Colón a bautizar a los indios Cristóbal y Pedro, en un acto simbólico que demuestra la importancia que se confería entonces al Real Monasterio.

Si hemos de juzgar el relieve político del Monasterio a partir de las continuas visitas de los monarcas y de las deliberaciones, acuerdos y decisiones que en él se tomaron, entonces hay que resaltar - por ser imposible referirse a todas con puntualidad - algunos momentos estelares que influyeron en el devenir de los reinos que se gobernaban desde Castilla.

La muerte de Fernando “El Católico” en 1516 ya reunió en el Monasterio a toda la Corte, con el Regente Cardenal Cisneros, el representante del heredero de la corona Adriano de Utrecht y el Consejo de Castilla para deliberar sobre la crisis planteada. Tengamos también en cuenta que ejercería por aquellas fechas como Alcalde Mayor de la Puebla Gregorio López, consejero de los Reyes, jurista de gran prestigio, magistrado en las Chancillerías de Granada y Valladolid y nombrado Presidente del Consejo de Indias por Felipe II.

Desde esos tempranos momentos del siglo, Guadalupe se iba a convertir en meta y descanso para Carlos V (1525) y todos los miebros de la Casa de Austria. Felipe II quizá sea el rey que más veces descansó en Guadalupe - después de los Reyes Católicos - incluso concertando allí su famosa visita y entrevista con su sobrino Sebastián I de Portugal (1576) de la que se derivó la unificación de todos los reinos peninsulares en la Dinastía Austriaca.

Pero no solo reyes, príncipes o Grandes de España llegaron a postrarse a los pies de la Virgen Morena; sino que también llegarían ante su altar personalidades religiosas muy destacadas del momento, como San Pedro de Alcántara, Santa Teresa de Jesús, San Francisco de Borja, etc. todos ellos implicados en reformas o fundaciones que iban a transformar sustancialmente a la Iglesia Católica.

En el siglo siguiente, aún Felipe III permanecería frecuentemente en el Monasterio y haría organizar festejos y ceremonias de gran lujo y boato, como las que solían celebrarse en el Madrid de los Austrias.


En la primera mitad del XVIII se mantuvo, en general, el relieve histórico del Monasterio; pero a partir de mediados de este siglo la decadencia ya se hizo notable, y patente con Carlos III, Carlos IV y el desdichado reinado de Fernando VII en el que prácticamente desapareció. Con la exclaustración de 1835 y con la desamortización de todos sus bienes y dependencias, la historia de Guadalupe y su importancia en la Historia de España quedó definitivamente eclipsada, siendo sustituida por el fervor patriótico hacia la Virgen del Pilar, a la que se consideró defensora de la patria contra los franceses y guardadora de los “valores hispánicos” ultraconservadores y católicos en la etapa posterior.

Riquezas y tierras en Guadalupe

Desde un punto de vista estrictamente económico, la importancia y riquezas de Guadalupe superó con mucho la de otros establecimientos monacales castellanos, y esta prosperidad se puso de manifiesto en todos los sectores productivos de una floreciente economía medieval.

Gozó este cenobio, desde el siglo XV al XVIII, del privilegio de la “Manda Forzosa” por el que debían figurar en todos los testamentos de nobles y adinerados algunas donaciones a favor de la Virgen de Guadalupe; privilegio excepcional que solamente gozaban Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y Guadalupe, como santuarios de peregrinación capaces de conferir indulgencias a los donantes.

En agricultura poseía tierras de cultivo y labor de gran extensión y fertilidad, en los términos de Alía, Trujillo y Talavera; además de las dos magníficas fincas de Valdefuentes y Mirabel, primorosamente cultivadas.

Aparte de los cereales, eran cuantiosas las cosechas de vino, frutas, hortalizas, aceite, cera, miel y otros productos esenciales para la vida de las gentes, recogiéndose también abundante lino, esparto, cáñamo y demás bienes de consumo.

También poseía Guadalupe copiosos y extensos pastos para ganado estante en las dehesas antes nombradas; ganado riberiego en los márgenes del Guadalupejo y rebaños muy numerosos de ovejas merinas que trashumaban con la Mesta, de la que el Monasterio era uno de sus principales contribuyentes.

Como centro artesanal, el Monasterio era uno de los núcleos productivos más dinámicos del reino; tenía ropería, zapatería, taller de bordados, platería, orfebrería, botica, escriptorium e imprenta, herrería, tejeduría, carnecería, tahona, bodega, molinos, lagares y almazaras que atendían hermanos legos “donados” y legos “de corona”, mientras fueron permitidos este tipo de profesos en el convento.

Además, los jerónimos tenían el Colegio Mayor “Ntra Sra. De Guadalupe” en Salamanca para que sus propios colegiales siguieran estudios en la Universidad, otro “Colegio de San Jerónimo” en Sigüenza y, a partir de 1584, el Colegio de “San Lorenzo” en El Escorial con los mismos propósitos.

En la Puebla se abrió a comienzos del siglo XVI el Colegio de Infantes y otro “Seminario de Expósitos” en el que numerosos niños aprendían Gramática, Canto, Latín, Filosofía y Cánones.